Detallitos de la CIA
Seguramente no será de extrañar para el lector lo que a continuación paso a mencionar, porque cuando se habla de la CIA (Central Intelligence Agency), ya podemos anticipar de que no se trata de nada bueno, solo que esta vez el asunto es un tanto grotesco, cuando existe la posibilidad de que sean responsables del SIDA.

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La CIA, el Departamento de Defensa estadounidense e investigadores de grandes compañías relacionadas con científicos nazis, que posteriormente trabajaron para la NASA, crearon el virus del Sida con el fin de frenar el crecimiento demográfico en África. Esta es la tesis que sostiene el doctor Leonard Horowitz. Según este controvertido investigador, la fabricación del agente causante de la enfermedad es parte de una estrategia genocida programada desde los centros de poder de EEUU entre los años sesenta y setenta.
Según consta en un memorámum escrito en 1971 por el entonces secretario de estado norteamericano Henry Kissinger- El NSSM 200, National Security Study Memorandum 200- “la despoblación debería ser la más alta prioridad en la política de EEUU hacía el Tercer Mundo”; se trataría de un “asunto trascendental para la seguridad nacional de este país”, cuya economía “requerirá grandes y crecientes cantidades de minerales del exterior, especialmente de los países menos desarrollados”. Antes de alcanzar la dirección del Consejo de Seguridad Nacional, Henry Kissinger ya había recorrido una larga carrera en los servicios de inteligencia de EEUU. Precisamente, Las conexiones de Kissinger con la CIA y con los orígenes del sida y el ébola fue el título de un discurso pronunciado por el doctor Leonard Horowitz en la XI Conferencia Internacional del sida, celebrada en julio de 1996.
Ante una sorprendida audiencia, Horowitz presentó una denuncia, exhaustivamente detallada en su libro “Los virus emergentes”, acusando con rotunda claridad al complejo industrial de la CIA y del Departamento de Defensa norteamericano de haber programado una estrategia genocida.
Vacunas infectadas.
Según Horowitz, los investigadores del Instituto Nacional del Cáncer y los científicos militares de EEUU trabajaron juntos, durante los años 60, para crear un virus que pudiera desencadenar diversos tipos de cancer. Utilizaron monos y otros animales para producir enfermedades asociadas al sida, como la leucemia, el sarcoma y la depresión del sistema inmunológico. A juicio de este investigador , existe constancia de la intención premeditada del Departamento de Defensa de producir sida. El 9 de junio de 1969, ante un comité del Congreso y en representación del Pentágono, Donald MacArthur habría solicitado financiación para desarrollar un microorganismo capaz de destruir en un período de 5 a 10 años el sistema inmunológico humano.
Los primeros virus y retrovirus usados como arma biológica habrían sido canalizados a través del Instituto Nacional del Cáncer (NCI), que habría utilizado como depósito y centro de producción masiva las instalaciones militares de Fort Detrick, en Maryland. La frenética actividad llevada a cabo en esa base se complementaría, según esta fuente, con los estudios del NCI, dónde Robert Gallo dirigía su propio equipo en un laboratorio de investigación de tumores. La peculiar ingeniería de guerra biológica de Gallo, a juicio de Horowitz, consistía en extraer el ácido nucleico de virus benignos de monos, a los que luego añadía una recombinación de material genético (RNA de leucemia felina y RNA de leucemia-sarcoma de pollos), con el fin de obtener un virus mutante que ocasionaría las enfermedades denominas “infecciones oportunistas” que padecen los enfermos de sida.
El siguiente paso habría sido generar cultivos de esta mezcla en leucocitos y en células de tejido fetal humano. Horowitz acusa directamente de formar parte de esta conspiración al propio Robert Gallo, quién anunció haber descubierto el virus en 1984, simultáneamente con otros investigadores.
Según su hipótesis, una partida de monos, presuntamente contaminados con un surtido de estos virus destructores del sistema inmunológico, habría sido importada por una conocida empresa -abastecedora de Gallo y del Instituto Nacional del Cancer (NCI)- desde su sucursal en Uganda, país en el que, según Horowitz, poseía una colonia entera de primates. Dicha empresa también habría suministrado animales de experimentación infectados al sector farmacológico para elaborar armas biológicas y vacunas. En 1986, un alto cargo de una importante firma, según Horowitz, admitió en una entrevista para la cadena WGBH de Bostón haber llevado a EEUU “por error” el virus del sida en monos infectados. Al parecer, aunque su declaración no se emitió nunca, el investigador afirma que puede documentarse fuera de toda duda porque se conserva en un archivo sonoro de la Biblioteca Nacional de Medicina. Con todo, la acusación más grave es que: las vacunas contaminadas todavía estarían siendo administradas.
Según Horowitz, al menos 200.000 vacunas de hepatitis B, contaminadas con virus de monos, sa habrían inoculado a niños retrasados de la escuela estatal de Willowbrook (Nueva York), a homosexuales y a la comunidad negra.
Según Horowitz, el Departamento de Defensa de EEUU, USAID y el NCI “participaron en el mismo negocio: vacunas y virus, aislados y transportados de África a EEUU y a la inversa”. La erupción del sida en Áfrca-asegura Horowitz- siguió el mismo curso de las vacunaciones de sarampión, rubeola, poleo, viruela y hepatitis B, inoculadas a millones de personas. Las empresas implicadas se convirtieron, además, en propietarias de los derechos de comercialización de las vacunas, que fluyeron hacía los laboratorios del NCI. Así, las mezclas de varios tipos de virus en cultivos de células humanas y animales, que contaminaron las vacunas distribuidas en África, habrían proporcionado una “explicación plausible” y una coartada científica para afirmar que:”nuevos virus estaban emergiendo de esa región del mundo”.
El recorrido seguido por la epidemia sería la evidencia más clara, en opinión de Horowitz. Los países más azotados son aquellos donde las vacunas fueron administradas con mayor intensidad.
Traducidas en cifras, las consecuencias pueden resumirse así: un 80% en África subsahariana.
Estos datos concuerdan con los postulados del informe escrito por Kissinger en 1971, el NSSM 200, eje de las acciones clandestinas de la CIA en África. Dado que su afán reconocido estriba en saquear los yacimientos minerales sobre los que se asienta la población del África subsahariana, un método idóneo que facilitaría el cumplimiento de este objetivo consistiría en diezmarla física y moralmente con el pretextos de la ayuda médica.
Las sugerencias contenidas en el NSSM 200 insistían en la idea de impulsar programas obligatorios de reducción de la población en caso de que los líderes de esos países no fueran receptivos a tales sugerencias.
Si fallaba la persuasión para que adoptasen medidas drásticas que atajasen el crecimiento de la natalidad, se aconsejaría retirar la ayuda alimenticia.
En sus informes, el Departamento de Defensa norteamericano preveía a su pesar un serio recorte en el subsidio público del complejo militar industrial, ya que el estancamiento de la población en Occidente “produce un alto número de jubilados y, por lo tanto, eleva el desembolso de la Seguridad Social”. Mientras, el crecimiento en el hemisferio sur se abordaba “como una materia de igual importancia que el desarrollo de sistemas avanzados de defensa”, y debía ser contrarrestado con urgencia. Y alertaban” Las bajas tasas de natalidad en Occidente podrían llevarnos a una disminución del gasto militar de EEUU y de la OTAN”. En este contexto, se habría decidido utilizar el arma biológica para frenar la amenaza a largo plazo.
El uso de armas biológicas o la realización de experimentos en seres humanos con agentes infecciosos peligrosos, sin facilitar información a los interesados , no es ninguna novedad.
Algunos ejemplos:
- En 1931 el Doctor Cornelius Rhoads infecta deliberadamente con células cancerosas a un grupo no determinado de personas en Puerto Rico, con el resultado de 13 muertes.
- En 1950 La Marina de EEUU esparce una nube de bacterias sobre San Francisco, simulando que ha tenido lugar un ataque enemigo. Varias personas enferman de neumonía.
- En 1950-53 se emplea un arma biológica, el ántrax, contra Corea del Norte. También se usan mosquitos infectados con fiebre amarilla y roedores portadores de otras graves enfermedades.
- En 1966 el ejército libera un bacilo en la red de ventilación del metro de Nueva York. No se detectaron efectos (detalles clasificados).
- En 1980-1981 Durante su estancia en cárceles de Miami, centenares de refugiados haitianos desarrollan ginecomastia (crecimiento de los pechos), como consecuencia de experimentos con hormonas. Los afectados denunciaron que les sometían a sesiones obligatorías de inyecciones.
- En 1981 Unos 300.000 cubanos son afectados por dengue. La revista de inteligencia Covert Action Informatic Bulletin, que investiga el caso, acusa a EEUU de la aparición del mal.
- En 1996 Bajo la presión del Congreso y la judicatura, el Departamento de Defensa de EEUU reconoce que mantiene actualmente 127 programas de investigación de guerra biológica en EEUU y, asimismo, que durante la Guerra del Golfo 20.000 militares resultaron afectados por algunos de estos agentes biológicos.
Resumen de un artículo publicado en la revista Año Cero por Román Rivera








